Haslam (2016) llamó concept creep a la tendencia de los conceptos psicológicos vinculados al daño a ampliar su significado con el tiempo. El narcisismo ofrece un caso claro: el término pasa de designar una organización de la personalidad a designar conductas aisladas de desconsideración. Haslam reconoce que esta ampliación permitió nombrar daños antes desatendidos y advierte que favorece una lectura del mundo social en términos de víctimas y victimarios.
Qué designa el narcisismo en la clínica

Criticar el mal uso de un concepto supone un uso correcto, y en este caso el campo especializado carece de acuerdo. Pincus y Lukowitsky (2010) mostraron que la teoría clínica y el diagnóstico psiquiátrico trabajan con descripciones del narcisismo que no coinciden entre sí ni con las de la psicología de la personalidad. Conviene entonces explicitar el referente. En lo que sigue adopto el de la tradición psicoanalítica, que es además la que introdujo el término en la clínica.
Freud (1914) concibió el narcisismo como un momento necesario en la constitución del yo. Kohut (1971) le atribuyó una línea de desarrollo propia, cuyas formas maduras sostienen las ambiciones y los ideales. Kernberg (1975) reservó el adjetivo patológico para una organización apoyada en un self grandioso y en la devaluación defensiva de los otros. En los tres autores el narcisismo designa una función: la regulación de la autoestima. La patología aparece cuando esa regulación se vuelve rígida y compromete el conjunto de los vínculos de la persona.
Narcisismo, egoísmo y torpeza relacional
De aquí se sigue una corrección a la crítica habitual. El egoísmo y la defensividad pertenecen al campo del narcisismo: el merecimiento es uno de sus rasgos centrales y la defensa frente a la herida en la autoestima es su operación característica. Quien llama narcisista a una persona egoísta acierta en la dimensión y yerra en la inferencia, pues de una conducta deduce una estructura estable.
La diferencia entre el funcionamiento corriente y el patológico se juega en la rigidez del patrón y en su extensión al conjunto de los vínculos. Un indicador clínico útil es la respuesta de la persona cuando alguien le señala el daño que causó. La capacidad de registrar ese señalamiento y de reparar habla de un narcisismo suficientemente flexible.
La torpeza relacional constituye un caso distinto. Quien no advierte el efecto de sus actos por falta de habilidad social o por ansiedad produce a veces efectos semejantes. Falta en ese caso el uso del otro al servicio de la propia autoestima, que define al narcisismo patológico en su dimensión interpersonal. La categoría de narcisismo "encubierto", muy difundida en redes, facilita la confusión porque permite aplicar la etiqueta a personas inhibidas o inseguras. Miller, Widiger y Campbell (2014) cuestionaron dentro del propio campo el peso creciente de la vulnerabilidad en la definición.
El daño real y los costos de la etiqueta
Esta crítica tiene un límite. Day, Bourke, Townsend y Grenyer (2020) estudiaron a 683 personas en relación cercana con alguien con narcisismo patológico. La carga que reportaron superó a la de cuidadores de personas con trastorno límite de la personalidad, y el 69% alcanzaba el umbral de caso para depresión. Una relación puede causar daño y justificar una separación sin que la otra persona tenga un diagnóstico, y el reconocimiento de ese daño es independiente de la exactitud de la etiqueta.
La etiqueta tiene además costos para quien la emplea. La versión popular incluye la premisa de que el narcisista no cambia, lo que descarta de antemano la conversación y la reparación. El diagnóstico se formula a partir del relato de una de las partes y tiende a atribuir a la personalidad del otro lo que depende también de la dinámica del vínculo.
En el trabajo clínico resulta más productivo describir qué se repite en la relación y cómo responde el otro cuando se le muestra el efecto de sus actos. Esas descripciones permiten decidir sobre el vínculo con mejor información que la que entrega un diagnóstico hecho a distancia.